
Desde hace largos años, en las distintas sociedades del continente, existe la idea de asegurar una escolaridad mínima a todos sus integrantes.
No se quiere solamente asegurar una matrícula para todos o tomar resguardos para que todos puedan asistir a la escuela. Lo que se pretende es que todos los ciudadanos cuenten con una escuela en donde puedan efectivamente aprender a lo menos los saberes básicos que les permitirán un mejor crecimiento personal, poseer las competencias que les darán la oportunidad de participar en el desarrollo colectivo, no ser rémora sino actores del desenvolvimiento económico, disponer de una posibilidad cierta de avanzar en el saber, creer en una vida democrática que se hizo para todos, hacer valer su derecho humano a la educación.
Las sociedades han realizado grandes esfuerzos para poner en marcha esta escuela mínima, esta escuela de base, escuela para todos o escuela común; pero tal deseo no ha podido realizarse todavía.
¿Qué lo ha impedido? Entre otras razones, una que es capital: Las sociedades han puesto en la escuela un modelo de organización y desarrollo de la enseñanza que hace imposible el aprendizaje de todos los alumnos.
En efecto, han organizado un plan de enseñanza en grados en cada uno de los cuales han prefijado los niveles de comienzo y los niveles de llegada y luego han usado esa organización como el plan específico de aprendizaje para los diferentes cursos de las diferentes escuelas.



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